Los 7 dones del espiritu santo

los 7 dones del espiritu santo

Son pues siete los dones del Espíritu Santo; es a saber don de sabiduría, don de entendimiento, don de consejo, don de fortaleza, don de ciencia, don de piedad, y don de temor de Dios.

La tradición cristiana nos enseña que el Espíritu Santo nos ofrece siete dones, que se enumeran a continuación:

  • Sabiduría: don por el que elevamos nuestra mente de estas cosas terrenales y frágiles, contemplando lo eterno, es decir, la Verdad eterna que es Dios, gustando y amando a Él, en quien consiste todo nuestro bien (Saber más);
  • Intelecto: don por el que se nos facilita, en la medida en que somos capaces como hombres mortales, comprender las verdades de la Fe y los misterios divinos, que no podemos conocer con la luz natural de nuestro intelecto (Saber más);
  • Consejo: un don por el que, en las dudas e incertidumbres de la vida humana, sabemos lo que es mejor para la gloria de Dios, para nuestra salud y para la de nuestro prójimo (Saber más);
  • Fortaleza: don que inspira valor y coraje para observar fielmente la santa ley de Dios y de la Iglesia, superando todos los obstáculos y asaltos de nuestros enemigos (Saber más);
  • Ciencia: don por el cual juzgamos rectamente las cosas creadas, y sabemos usarlas bien y dirigirlas al fin último que es Dios (Saber más);
  • Piedad: don por el que veneramos y amamos a Dios y a los santos, y mantenemos un ánimo piadoso y benévolo hacia el prójimo por amor a Dios (Saber más);
  • Temor de Dios: don que nos hace reverenciar a Dios y temer ofender su divina Majestad, y nos aleja del mal incitándonos al bien (Saber más).

Aunque cada don lleva a la madurez una virtud particular, no debemos pasar por alto el hecho de que, junto con esa virtud, todas las demás son también elevadas a la perfección, porque el Espíritu siempre actúa en el alma a través de todas las virtudes.

Para recibir los siete dones es necesario invocar continuamente al Espíritu Santo con las numerosas y hermosas oraciones como: Ven, Espíritu Santo o Ven, Espíritu Creador. También repetimos a menudo el acto de consagración. Aprendamos a pedir en la oración, no tanto, o no sólo, las gracias materiales, sino el don del Espíritu, porque Jesús nos aseguró que "a quien pida el Espíritu Santo se le concederá". Todo lo que dijo Jesús es verdad, así que no dudemos de que recibiremos el Espíritu en el momento en que estemos dispuestos a recibirlo, con vida en gracia y oración. Para recibir el Espíritu invocamos sobre todo la intercesión de María, su Esposa, porque nadie mejor que ella ha penetrado en el misterio del Amor Trinitario y puede conducirnos por el camino de la comunión con cada una de las Personas de la Santísima Trinidad. Recordemos que María engendra a todo cristiano a la gracia por medio del Espíritu Santo, que actúa en perfecta comunión con su esposa celestial. Por eso, su intercesión ante Dios es más poderosa que la de los santos e incluso los ángeles. Pidamos incansablemente el don del Espíritu por medio de María, y pidámosle que nos enseñe a preparar nuestros corazones para acoger la venida del Señor, de modo que, una vez que haya llegado a la morada de nuestras almas, nada pueda alejarlo de nosotros. Y entonces estaremos verdaderamente en la alegría, incluso en medio de las tormentas y las tribulaciones.

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    ¡VENI, SANCTE SPIRITUS, VENI PER MARIAM!

    "Las almas piensan que el Espíritu Santo está muy lejos, que habita en alturas inaccesibles. En realidad, es la persona divina la que asiste más de cerca a la criatura. La acompaña a todas partes, la penetra con Él mismo, la llama, la vigila. Lo cubre con su protección. La hace su templo vivo, la defiende, la ayuda, la protege de sus enemigos. Está más cerca del alma que el alma misma. Sin embargo, la gente no lo invoca, no le agradece la acción tan inmediata y tan íntima que realiza en cada alma. La gente reza de forma equivocada, pide gracias materiales. Pocos piden el don del Espíritu Santo. Pero quien recibe el Espíritu Santo lo recibe todo" (Beata Elena Guerra).

    Mensaje de la Virgen del 25 de mayo de 2009 a la vidente de Medjugorje Marija Pavlovic-Lunetti

    "¡Queridos hijos! En este momento os invito a todos a rezar por la venida del Espíritu Santo sobre toda criatura bautizada, para que el Espíritu Santo os renueve a todos y os conduzca a vosotros y a todos los que están lejos de Dios y de su amor por el camino del testimonio de vuestra fe. Yo estoy contigo e intercedo por ti ante el Altísimo. Gracias por haber respondido a mi llamada.

    Del Catecismo de la Iglesia Católica
    La vida moral de los cristianos se sustenta en los dones del Espíritu Santo. Son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir las mociones del Espíritu Santo.Los siete dones del Espíritu Santo son la sabiduría, la inteligencia, el consejo, la fortaleza, la ciencia, la piedad y el temor de Dios. Pertenecen en su plenitud a Cristo, el Hijo de David. Completan y perfeccionan las virtudes de quienes las reciben. Hacen que los fieles sean dóciles para obedecer con prontitud las inspiraciones divinas.
    "Tu buen Espíritu me conduce a una tierra llana" (Sal. 143:10).
    "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios, coherederos con Cristo" (Rm 8,14.17).

    Es interesante observar que en ambos catecismos los siete dones del Espíritu Santo vienen después de las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad, porque éstas, dice Santo Tomás, son superiores a estos siete dones, siendo su regla.

    Hablemos de estos dones, empezando por el pasaje de la Sagrada Escritura que habla de ellos expresamente:
    Isaías 11:1-2
    Un brote brotará del tronco de Jesse,
    Un brote brotará de sus raíces.
    El espíritu del Señor descansará sobre él,
    el espíritu de la sabiduría y el entendimiento,
    el espíritu del consejo y la fortaleza,
    el espíritu de conocimiento y el temor del Señor.

    No hay piedad, en eso, la versión actual está hecha directamente del texto hebreo. Por otra parte, la versión de los setenta en lengua griega, la más difundida en la época de Jesús y también la comentada por los padres de la Iglesia, añade la piedad al conocimiento (ciencia)

     

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